- G/Cinthia, atención por favor... Estas podrían ser mis ultimas palabras... - dijo el chico, con los ojos cerrados.
- ¡Que pena! Me estaba entrando unas ganas de reproducirme... - dijo G/Cinthia mientras removia el contenido el vaso con una cuchara.
- Bueno, puedo hacer un ultimo esfuerzo sobrehumano... ¿Tienes ganas? - dijo Mario, ilusionado.
- Uy, ya se me fueron. Cosas de los estrogenos, Mario... Van y vienen las sensaciones... - dijo G/Cinthia - Toma, bebetelo antes de que la cabeza te de vueltas...
- Bueno, ¿Que tal estas hoy? - dijo G/Cinthia.
- Mal... espero que haga efecto rápido...
- Si, bueno... Quien dice eso, puede decir que vas a empeorar... pero bueno, habrá que confiar en lo que pone la receta y...
- G/Cinthia... ¿Me cuentas otro de tus cuentos? - dijo Mario, poniendo ojos brillosos.
- A este paso voy a ser la nueva Esopo... Veamos... - dijo G/Cinthia, pensando.
- Había una vez un padre de familia provinciano que vino a la capital limeña con ansias de triunfar. Junto con su esposa e hijos, se asentó en la casi desconocida avenida Las Flores. Por aquel entonces era solo pampa y mucha tierra, llena de familias jóvenes y provincianas. El padre de familia empezó trabajando en un almacén. Tal era su desempeño, que el jefe le permitía llevarse algunas cosas a casa. Cabe recordar que en aquellos años, la gente y las cosas abundaban. Peru no siempre fue un país pobre. El caso es que este padre pensó en formar un negocio. Con las cosas que su buen patron le proporcionaba, el padre de familia abrio su negocio, ilusionado de dar un futuro a sus casi 4 hijos. El negocio marchaba de manera normal hasta que ocurrio la primera desgracia: les robaron. - dijo G/Cinthia. - La familia rozo la desesperación, pero el padre les alentó a salir adelante. Volvieron a abrir el negocio y se pusieron a trabajar de manera honrada. Empezaron a remontar... hasta que los vándalos volvieron y dejaron sin nada al negocio de aquel padre de familia. La desesperación era terrible. La madre entro en depresión, los hijos lloraba, el padre se tiraba de los pelos por todo el dinero perdido. Tal fue la crisis, que no tenia dinero ni siquiera para alimentar a sus hijos. La situación era critica. El padre salio en busca de trabajo, puesto que el negocio le dejo un trauma. Pero el racismo de aquella época se lo impidió. La gente lo quería explotar y no vería paga hasta casi 2 meses después. El padre, derrotado, se sentó en un parque a las 10 de la noche. Comenzó a llorar, puesto que no quería llegar a casa y ver a sus hijos morirse hambre. Las lagrimas surcaban su rostro. Lloro de rabia como nunca, de una manera imposible de imaginar para un adulto. De pronto... ocurrió. A lo lejos vio que una señora era victima de un robo a mano armada por otra persona. Estaban muy lejos y la oscuridad de la noche no dejaba ver muy bien a las 2 personas. El padre de familia corrió hacia ellos. El ladron forcejeo con la señora, pero al ver que el padre de familia se acercaba, echo a correr. La señora le persiguio y ambos desaparecieron. El padre se quedo mirando el lugar de los echos, sin asimilar lo que acababa de pasar. Entonces lo vio. Había una cartera en el suelo. Estaba vieja y no parecía propio de una señora como la que había visto. El padre recogió la cartera y cual fue sorpresa que tenia fajos y fajos de billetes. No lo penso 2 veces, se guardo la cartera y volvió a su casa. Aquella noche, el padre no perdio tiempo y compro alimentos como para todo un mes. Del dinero total, lo uso para abrir su negocio pero con un sistema mejorado de seguridad. Sus hijos volvieron a sonreír, la madre sonrio y le dio las gracias al padre por "romperse" el lomo... Pero el padre sabia la verdad. Volvio al lugar de los hechos y indago acerca de la señora. Tal fue su sorpresa que ningún vecino escucho nada la noche anterior, ningún grito pese a que la señora berraba mientras forcejeba con el ladrón. Pregunto a los guardianes nocturnos y ninguno vio a una señora que coincidía con su descripción. El padre se sentó en el parque y se puso a pensar... Quiza... quizá fue un regalo divino. Se sentía mal, porque se podía considerar un ladrón... pero también sabia que lo había usado en un buen fin. El padre lloro, dio gracias a Dios y se prometió nunca mas hacer pasar hambre a sus hijos. Y vaya que lo lograria...
G/Cinthia termino el cuento de una manera epica. Mario dormitaba a su lado.
- MArio... - dijo G/Cinthia.
- ¿Basado en hechos reales?
- Mi niñera me conto esa historia cuando tenia 10 años... - dijo G/Cinthia.
- Me ha recordado a un poema... - dijo Mario.
- ¿Pero tu lees poemas?
- Si quieres te digo uno, ahora, improvisado. - dijo Mario, carraspeando. - "Te quiero como la mierda, te pienso hasta cagando... cada pedo que me tiro, es un beso que te mando..."
- ¡Estupido!
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