Una vieja reproductora de cintas de audio se puso en funcionamiento.
(...)
PSICÓLOGA: ¿Si? Continúe...
MARIO: Todo empezó una tarde del mes de Agosto... Las cosas no podían ir peor... Me encontraba sentado en el rellano de la casa de Natalia... y aun así, estando fuera, podía escuchar las riñas y discusiones de sus padres... Solo deseaba que ella no sufriera las disputas de sus padres...
PSICÓLOGA: Supongo que eso le pareció triste...
MARIO: Probablemente... (Tomo aire) Pero, tras eso, estaba también mi situación: Tenia problemas académicos... Mi madre no estaba de buen humor conmigo y lo peor de todo es que le echaba la culpa a Natalia, de que ella era una distracción. Y me prohibió verla nunca mas... Pero también estaba el hecho que iba a perder a Natalia para siempre... Al menos eso creía si lo que oía cuando sus padres discutían se volviera real... Así que la situación era esa. Tenia que decidir: ¿Debía aceptar que se fuera para siempre? ¿O debería intentar arriesgarme y verla casi por ultima vez? Lo admito: La idea que quería no era la mas ética de todas...
PSICÓLOGA: Nadie podría criticarlo eligiera lo que eligiera. Es perfectamente común...
MARIO: (Ofendido) ¿¡Acaso parezco alguien común!? (Tomando aire) No,no... Solo me aterrorizaba que ella sufriera. Me aterrorizaba que pagara los platos rotos de su familia... Por que no se lo merecía... Sentado en el rellano de su casa, escuchaba con miedo: Su familia sufría de varios problemas. Uno era que sus padres se llevaban peleando entre si durante mucho tiempo. Ella me contaba que papi y mami estuvieron a punto de llegar a las manos varias veces. De hecho, ella sospechaba que alguna vez llegaron pero que ella no estuvo presente... Su padre tenia un terrible genio, me consta, pero... (Silencio largo) Y otro problema era el económico. Algo de que los iban a echar de su casa. ¡Ahora me resulta irónico! Irónico de como eso, en aquellos días, era algo propio de gente con mucha mala suerte... Y a día de hoy, algo cotidiano... Sea como fuese, decidí reunirme contra todo pronostico con ella. Así lo tuviera prohibido... Pero para ello no debía dejar que se dieran cuenta. Acorde con ella reunirme al día siguiente, a celebrar con ella una pequeña reunión por su cumpleaños...
(Silencio)
PSICÓLOGA: Continúe...
MARIO: Le mentí a mi madre... le dije que iba a la casa de una tía mía. Para no levantar sospechas, me vestí como casi siempre lo hacia cuando tenia 11 años: Chaqueta en pleno mes de agosto y mi mochila. No podía vestirme para la ocasión porque habría levantado sospechas. Pero no me importaba. Nada importaba. Solo quería estar con ella. Y lo que pensé que seria el mejor día de mi vida comenzó como debía ser: Recibí la notificación de mi suspenso... Al llegar a la casa de Natalia, la encontré llorando. Me dijo que su madre tenia que ir al banco por un asunto de vida o muerte. Y su padre le había dicho, horas antes, que tenia serios problemas con su madre y llegada la hora... quería que se "quedara" con el... Pero eso no fue todo. Mi madre, al parecer, se entero porque no me paraba de timbrar el móvil... pero lo ignoraba porque ya estaba condenado. Puestos a morir, quería disfrutar de mi ultimo día con "vida". Con todo eso, me encontraba sentado con Natalia en una terraza cerca del estadio, comiendo y bebiendo refrescos. Ella, deportiva y hermosa, me sonreía. ¿Yo? Intentaba no sudar debido al calor... No suelo ser un galán pero imagino que ninguna chica quiere andar con alguien sudado, ¿no cree?
PSICÓLOGA: Eso dependerá de la chica... Pero es irrelevante. Así que continué.
MARIO: Natalia, al parecer, también sentía que podría ser nuestra ultima vez juntos. Estaba haciendo cosas extrañas: Me acuerdo que puso una música y me pidió bailarlo con ella. La gente nos miraba y todo era muy extraño. Llego un punto que ya no la escuchaba... Solo la veía a ella. A ese bello rostro... Tenia que tomar una decisión... Nos separamos momentáneamente. Ella quería hablarme de algo. El miedo se apodero de mi. ¿De que iba a ser? ¿¡Acaso era lo que yo creía!? Le dije que si y fui a comprar eso que tanto nos gustaba. Por algún extraño motivo, dude si ir solo o acompañarla. Así que me di la vuelta. Escuche un sonido, uno que me marco casi de por vida. Y allí estaba, en frente mio...
PSICÓLOGA:¿El que?
MARIO: (Silencio) Bueno... (Riendo) Creo que esta historia se la tendré que contar la próxima cita. (Fingiendo ataque de asma) No me siento muy bien doctora... Creo que necesito ver a otro doctor colega suyo... (Seriamente) Consígame otro...
(Silencio largo)
(...)
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