jueves, 7 de agosto de 2014

Entrevistas en el Divan (Mario) - Parte IV

Una vieja reproductora de cintas de audio se puso en funcionamiento.

(...)

PSICÓLOGA: Buenas tardes, Mario... La ultima sesión me estaba contando sobre su ultima reunión que tuvo con Natalia...

MARIO: (Irónico) No, doctora... Según lo que recuerdo, usted dijo que me conseguiría otro doctor...

PSICÓLOGA: (Seriamente) Ambos sabemos que lo hice. 

MARIO: (Sarcásticamente) ¿Ah si?

PSICÓLOGA: Si... El doctor Elias, en nuestras primeras sesiones, me comento que mas parecía que usted le estaba entrevistando a el y no al revés. El doctor Ramirez y el doctor Ibaguirre me contaron que colmo sus respectivas paciencias y ambos lo echaron de sus sendos despachos. Y el ultimo doctor que le proporcione me contó que no quería volver a tratarlo...

MARIO: (Sarcásticamente) ¿En serio? Escuche, "doc"...

PSICÓLOGA: (Contestando rápidamente) ¡Psicóloga!

MARIO: (Riendo) ¡Vale! ¡¡Vale!! Si lo que quiere es escuchar mi historia, le daré un poco mas... Compensara los malos ratos que le he hecho pasar con sus colegas...

(Silencio)

MARIO: Eran las 12 de la mañana cuando me encontraba de pie, en medio de una pequeña multitud. El sol impactaba en uno de los lados de mi rostro, el sonido que recibía era confuso. Todo era confuso... (Pausa) Natalia estaba muerta... 

PSICÓLOGA: (Seriamente) ¿En serio?

MARIO: Si, en serio... (Desesperado) No era posible... No debía ser posible... Todavía recuerdo cuando la conocí... Esos bellos labios que reían cuando le contaba un chiste malo tras otro. ¿Sabias que era perfecto? Ella reía y yo me sentía cada vez mas miserable... pero feliz porque alguien como ella se me acerco. Incluso para alguien tan patético, ridículo e idiota como yo... incluso para alguien así, me hacia sentir alguien querido. Incluso con todo eso, ella quería ser algo mio... (Silencio) Pero luego la realidad se impuso de forma bruta. Podría decir que fue una forma de despertarme del bello sueño que ella siempre fue...

PSICÓLOGA: Eso es algo... triste...

MARIO: Si usted lo dice... Pero entonces paso algo raro, doctora. Tenia delante mio a la persona que alguna vez quise... La tenia muerta delante mio. ¿Y que cree que pensaba en esos momentos? Pensaba en que me había convertido en testigo de un crimen... Pensaba en si eso era el olor de la sangre... ¡Pensaba en cuantos años le caerían al conductor! ¿No se da cuenta? Pensaba en un montón de cosas que no venían a cuento. Y las que debería preocuparme de verdad, las que deberían haberme venido a la cabeza en esos momentos... no lo hicieron. Me asuste... ¿Porque me paso eso? ¿Significaba algo malo? Natalia estaba muerta... ¡Muerta! Y nunca me preocupo... ¿Estaba muerto yo también? ¿En realidad quería que muriera? La cabeza me iba a explotar... Pero seguía sin sentir pena. 

PSICÓLOGA: Interesante...

MARIO: Y así es como lo que parecía un buen día se volvía una autentica pesadilla. Lo perdí todo, doctora... Natalia, mis cursos, la confianza de mi familia... (Pequeña risa) Cuando la gente me empezó a preguntar por ella, me asuste. Entre en pánico... No quería que me vieran así... ¿O quizá me asustaba la idea de que alguna forma me culparan de ello? Porque sentía culpa... Pobre chica, nunca debió acercarse a mi... ¿¡Pero de verdad era culpa mía!? Salí corriendo... Huí como el cobarde que era...

(Silencio)

PSICÓLOGA: Continúe...

MARIO: Llovía cuando me detuve en un sitio que no recuerdo. El corazón me latía a mil por hora. ¿Que iba a hacer ahora? Una cosa era clara... Debía decirle a sus padres. Debía de darles esa noticia y si era posible, decirle como había pasado. Y el miedo se apodere de mi nuevamente. Camino a su casa, pensaba la mejor manera de decirlo... ¿Había alguna buena manera de decir que su única hija había muerto atropellada y que no fui capaz de ayudarla? Las piernas me temblaban cuando llegue a la casa, ya casi de noche. Mientras subía las escaleras, el corazón parecía que me iba a destrozar el pecho de los potentes latidos que hacia... Pero entonces lo sentí...

PSICÓLOGA: ¿El que?

MARIO: Sentí... olor a sangre. 

PSICÓLOGA: ¿En serio?

(Silencio largo)

(...)

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